domingo, 11 de enero de 2009

ROBINSON CRUSOE



ROBINSON CRUSOE
Me produce una emoción especial el hablar de esta obra de Daniel Defoe ya que es mi libro preferido. Aquí les dejo un comentario por si alguien se anima a leer el libro original.
Robinson observa, mide, calcula y crea una estrategia que sigue hasta el final de la novela y que resulta efectiva gracias a un esfuerzo enteramente personal. En el relato, la religión y la ayuda de Dios funcionan como un soplo vital , un soporte estabilizador para los momentos bajos, y nada más. Dios no salva a Robinson, sino que éste sobrevive gracias al trabajo constante, paciente, progresivo, inteligente...Cuando naufraga en la que hoy es la isla chilena de Juan Fernández, no tiene la más mínima idea de cómo emplear manos para construir, para crear. Poco a poco se convierte en un experto ganadero, agricultor, artesano... sin que nadie lo enseñe, gracias a su tenacidad alimentada principalmente por la necesidad y la voluntad. Y en ese esfuerzo por el trabajo encuentra Robinson su consuelo, sus ganas de seguir viviendo, y su recompensa. Es impresionante lo moderno que resulta el alma de este hombre del siglo XVIII: hasta las crisis esporádicas y los días de bajón están finamente relatados en la novela. Por eso, creo, me siento reconfortada al acabar de leer Robinson Crusoe...una lección de ética y superación personal en un ambiente que es hostil hasta que logramos transformarlo y hacerlo nuestro sin aspirar a nada más (porque después de la isla, en realidad ya no hay nada más...Defoe se podía muy bien haber ahorrado el episodio de los lobos en los Pirineos, con el pobre Viernes pasando frío). Algo que Cándido, otro lúcido del siglo XVIII, comparte con Robinson, pero él prefiere la fórmula más sencilla de cultivar el propio huerto.

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