sábado, 27 de noviembre de 2010

Con la verdad en el verso.


Con la verdad en el verso

El poeta es una persona con la fuerza imaginativa y la psicología de un niño. Su impresión del mundo es inmediata, por mucho que se mueva por las grandes ideas del universo. Es decir, no "describe" el mundo, el mundo es suyo.
Se puede comprender el mundo tal como lo hace la ciencia, estar de acuerdo a nivel lógico. Sin embargo, no se puede entrar en la poesía, examinarla, como un acto volitivo, intelectual de tratar de comprender unos versos. La poesía es emoción, sacudida interior, convulsión, descubrir que hay algo más trascendente que la demostración de un teorema y su comprobación experimental.Es así que se entiende que poesía es igual a belleza. Pero es falso, la poesía no busca la estética ni el hedonismo personal, busca sobrecoger, emocionar y en ella radica una belleza que ya es más que metafísica, es decir, espiritual, creación cósmica a partir de polvo de estrellas, ya , al fin y al cabo, eso es lo que somos.
El verso es nacimiento de una imagen artística , única, cerrada, creada y existente a otro nivel, a un nivel no intelectual. No puede ser explicado por medio de un proceso empírico de conocimiento con ayuda del intelecto. La intuición que tiene el científico, por el contrario, es un sinónimo del desarrollo lógico incluso en los casos en los que aparece como una luz, como una inspiración. Y esto es así porque las variantes lógicas, sobre la base de informaciones dadas, no conectan de forma continua con el principio, sino que se perciben como un proceso natural, no como una nueva etapa. Esto quiere decir que el salto consciente en el pensamiento lógico se basa en el conocimiento de las leyes de un campo científico determinado. Cuando el poeta convierte su imagen de este mundo en verso, está superando su pensamiento, que es una nada en comparación con la imagen del mundo captada emocionalmente, imagen que para él es una revelación. Pues el pensamiento es efímero, y la imagen, absoluta. Por eso se puede hablar de un paralelismo entre la impresión que recibe una persona espiritualmente sensible y una experiencia exclusivamente religiosa. El arte incide sobre todo en el alma de la persona y conforma su estructura espiritual.




Al caballo que no tuve yo le llamaba distancia
pero distancias hallé y ahí mi caballo no andaba
entonces yo comprendí que se llamaba esperanza
fiero pa´ hallarlo en el campo caballito de la nada.
Yo mismo le hice recáu con cueros de mi nostalgia
y unos estribos de nuncas y un cojinillo de lágrimas.
en un clavo en la pared tenía colgada una manta
que la tejí de ilusiones y bordabas de palabras
las veces que me tapé con aquella vieja manta.
Cada invierno fue una rosa que el tiempo me regalaba
recogí el sol de la escarcha reflejáu en la mañana
y lo até a los cuatro vientos de mi imaginada manta
pa´ que luciera orgulloso mi caballito esperanza.
Pal caballo que no tuve, macetié guasca por guasca
del cuerro de un ventarrón de esos que no tiene alma.
Con la argolla que el rocío le hace a la luna temprana
hice un lazo livianito como pa´ apialar un ánima.
El cabresto y el bozal se los quité a una calandria
porque soñé que a mi flete con un silbo le sobraba
me hice un rebenque de trébol con iniciales de plata
que saqué de un arroyito entre piedritas de nácar
todo pa´ que mi caballo no ande mezquinando alzada
y hasta he cortao una flor pa´ ponerle como marca.
Pero pasaron los año, y nunca llegó esperanza
caballito que no tuve, ya no importa tu tardanza
las pilcha, las pilcha las regalé y ya no me queda nada
a quién le pongo un racáu con cojinillo de lágrima
y una manta de ilusiones y bordada de palabras
esas misma que no tuve pa´ defenderte esperanza
cuando andabas a lo lejos y te llamaba distancia
y hoy, y hoy que ya te recorrí, no me ha servido de nada
si hasta te usé pa´ morir desde adentro de mi alma
por tener un corazón y por llamarte esperanza.
José Larralde ( Argentina)

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