domingo, 25 de agosto de 2013

Espronceda

 
Sobre una mesa de pintado pino
Melancólica luz lanza un quinqué,
Y un cuarto ni lujoso ni mezquino
A su reflejo pálido se ve:
Suenan las doce en el reloj vecino
Y el libro cierra que anhelante lé
Un hombre ya caduco, y cuenta atento
Del cansado reloj el golpe lento.
 
»¿Qué es el hombre? Un misterio. ¿Qué es la vida?
¡Un misterio también…! Corren los años
Su rápida carrera, y, escondida,
La vejez llega envuelta en sus engaños;
Vano es llorar la juventud perdida,
Vano buscar remedio a nuestros daños;
Un sueño es lo presente de un momento,
¡Muerte es el porvenir; lo que fue, un cuento…!

»Los siglos a los siglos se atropellan;
Los hombres a los hombres se suceden,
En la vejez sus cálculos se estrellan,
Su pompa y glorias a la muerte ceden:
La luz que sus espíritus destellan
Muere en la niebla que vencer no pueden,
¡Y es la historia del hombre y su locura
Una estrecha y hedionda sepultura!

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