viernes, 7 de noviembre de 2014

Retrato de mi madre



Sentí el retrato de mi madre
 guardado en la bolsa de la camisa,
calentándome el corazón,
como si ella también sudara.
 Era un retrato viejo,
carcomido en los bordes;
pero fue el único que conocí de ella.
Me lo había encontrado
 en el armario de la cocina,
dentro de una cazuela llena de yerbas;
hojas de toronjil, flores de Castilla,
 ramas de ruda.
Desde entonces lo guardé.
Era el único.
Mi madre siempre fue enemiga de retratarse.
Decía que los retratos eran cosa de brujería.
Y así parecía ser; porque el suyo
estaba lleno de agujeros como de aguja,
y en dirección del corazón
tenía uno muy grande donde
 bien podía caber el dedo del corazón.

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