miércoles, 19 de noviembre de 2014

Credo de la poesía .


Siéntese ya el batimiento de sus alas  que ,
, como celeste precursora,
vendrá a calmar las tristezas del mundo
con el himno inmortal de la esperanza.
«Creo -nos dirá apaciguando nuestras zozobras-,
creo en la fuerza del espíritu
y en las victorias de la ciencia;
creo en fines altos, sacros y lejanos,
creo en la fraternidad de los pueblos que,
de siglo en siglo, se transmiten su pensamiento;
creo en el bien que, con la blanca frente
 coronada de rayos, bajará a curar
 las heridas de las almas
y a disipar las tinieblas de la tierra;
 creo en las flores de la esperanza
que crecen en los sepulcros;
creo en el progreso  de la humanidad
hacia los eternos ideales de la justicia;
creo que los hombres no están
perpetuamente sometidos al error,
aunque muchas veces,
antes de lograr la verdad,
 pasen por negras aflicciones
y estrechen entre sus brazos sombras vanas;
creo en el vuelo del alma que nunca se está quieta;
creo en el libre albedrío de los hombres y de los pueblos;
creo, finalmente, en  mis  palabras.
 

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