viernes, 16 de febrero de 2018

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Cómo Santa María salvó de la muerte a un hombre bueno de Plasencia, cuando un toro venía a matarlo.
 "Con razón las bestias tienen gran pavor de la Madre de aquel Señor, que tiene poder sobre todas las cosas."
 Y de esto un gran milagro hubo de mostrar Santa María, la Virgen sin par, en Plasencia, según he oído contar a hombres buenos y de creer.
Y contaban este milagro así: que un hombre bueno allí moraba y que a esta Señora, como he aprendido, sabía querer mucho más que a cosa alguna, y a quienquiera que viniese a pedirle algo por Ella, luego, sin falta, se lo daba, sin demorar ni mentir, porque no quería, por nada, faltarle.
 Y ayunaba bien en sus vigilias y de sus horas no dejaba nada que no oyese, porque ponía todo su sentido en lo que pudiera complacerla.
 Por donde, un caballero de la villa se casó bien y mandó traer toros para sus bodas, y apartó uno de ellos, el más bravo, que mandó correr en una plaza grande que hay allí delante de la casa del hombre bueno del que os he hablado.
Pero él no se pagaba de ir allí ni verlo. Pero este hombre tenía un compadre suyo, de nombre Mateo, que envió por él, como he sabido, para cosas que quería decirle.
Y él salió para ir allá, y el toro se dejo ir, de rondón, para herirlo, muy felón, metiéndole los cuernos por las espaldas.
 Y el clérigo, cuando esto vio, desde una ventana, pidió merced a Santa María, y no le falló, pues luego vino a valerle, y de tal manera lo socorrió, que el toro luego cayó en tierra y extendió las cuatro , así como así.
 Y yació de aquella manera hasta que el hombre estuvo en el portal de la casa de su compadre, a la que no llegó mal, y donde lo acogió él. Y el toro se levantó entonces y nunca hizo luego daño a nadie, por el poder de la Señora de prez, que nunca deja que los suyos reciban daño.




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