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jueves, 28 de mayo de 2020

María la portuguesa





                                                                     Control + C

María la Portuguesa es una de las coplas más populares de nuestro tiempo, compuesta por Carlos Cano, es una canción que oscila entre el fado y el pasodoble, dedicada a Amália Rodrigues tiene varias aristas; desde la musical a la historia de la letra pasando a la parte emocional o a lo que supuso para la carrera de Carlos Cano, vetado institucionalmente en Andalucía desde que compuso las Murgas de Emilio el Moro.
Vamos por partes. Cuenta el propio Carlos, «un día lejano de 1984 compré en Lisboa un disco de Amália Rodrigues, homenaje a Valerio, el gran poeta del fado. Recuerdo la portada: era un primer plano de ella, hermosa, con los ojos cerrados, pintados de azul, la boca roja y el pelo azabache cayéndole por los hombros. Oir su voz me dejó completamente enamorado. La escuchaba todos los días, a todas horas, mirando la portada. Su voz tenía la facultad de hacerme viajar por la melancolía de todas las pasiones, los amores y los sueños perdidos, pero la fuerza de su lamento no empujaba a la depresión ni a la amargura, sino que fortalecía tu espíritu. El color de su voz era negro, casi morisco y de una capacidad emocional fuera de lo común. A fuerza de tanto oírla acabé obsesionado, preguntándome: ¿Por qué cierras los ojos? Así fue como escribí María la Portuguesa, como respuesta.»
 El disco que tanto obsesionó a Carlos era Fado, de Amalia Rodrigues, un elepé publicado en 1982 con once temas escritos por Frederico Valério, el compositor por excelencia del fado contemporáneo. Frederico y Amália se conocieron a mediados de los años 40, casi en la misma época en la que nació el granaíno. Es importante señalar que este dueto fue el responsable de la recuperación del fado portugués frente al desprecio que sufrió, a pesar de todo…, durante el salazarismo.

ARCHIVO FUENTE : https://secretolivo.com/index.php/2018/02/26/historias-esconde-maria-la-portuguesa/

viernes, 31 de enero de 2020

Flamenco. Petenera. ¿ Origen sefardí ?



Está muy extendida la idea de que las peteneras tienen un origen sefardita, posiblemente por la temática de alguna de las letras más populares del repertorio (Dónde vas bella judía…). Igualmente son muchos los que le asignan a la localidad gaditana de Paterna de la Ribera el honor de haberla creado.

Sin embargo los datos de última hora son concluyentes: la petenera que conocemos es de origen mexicano. Ya en 1803 aparece en el repertorio azteca, y algunos sones de Veracruz llamados peteneras tienen idéntica rueda armónica en el acompañamiento y una tonada también muy emparentada en lo melódico.
ARCHIVO FUENTE +   Flamencópolis

viernes, 3 de enero de 2020

lunes, 25 de noviembre de 2019

Flamenco.Colombianas.





ORIGEN
Otro de los palos de ida y vuelta son las colombianas y, a pesar del nombre, su relación con Colombia no es otra que la que pueda tener cualquier otro de los géneros de ida y vuelta. Fue su creador Pepe Marchena, quien hacia 1931 compone una canción que titula “Mi Colombiana”, que con el tiempo alcanzaría el rango de palo flamenco. Parece ser, en opinión del guitarrista Rafael Nogales, que Marchena se inspiró para crear la colombiana en una canción vasca titulada “El pájaro carpintero”. El guitarrista Ramón Montoya realiza en 1932 una nueva versión de la colombiana acompañando a Marchena y al Niño de la Flor, que hacía la segunda voz y, en 1933, la grabara de nuevo con letra de Hilario Montes titulada “Quisiera cariño mío”, donde se añaden los matices que poco a poco van configurando la estructura melódica del género tal y como lo conocemos. La popular melodía y el sencillo acompañamiento hicieron que en pleno siglo XX naciese un nuevo género a partir de una creación de Marchena, hecho que demuestra cómo un palo flamenco puede nacer a partir de una canción, siempre que integre elementos musicales definitorios y con entidad suficiente para entrar a formar parte del universo estilístico del flamenco.




Durante la década de los sesenta y setenta las colombianas se recuperarán de la depresión sufrida en década anteriores, siendo revalorizado y enriquecido con nuevos matices por números artistas, entre los que destaca la cantaora Ana Reverte. La colombiana, se interpreta en compás binario, inspirado en el patrón rítmico de la habanera o ritmo de tango. No obstante, la forma primitiva, más emparentada con el carácter de las guajiras, tiende a realizarse sobre un ritmo interno en base al cual el intérprete alarga los tercios, demostrando así su capacidad cantaora, ralentizando el compás en función de una mayor y mas ornamentada expresión melódica. Las colombianas se interpretan en tonalidad mayor y cabe destacar el motivo que realiza la guitarra con los bordones, diseñando un bajo típico de este género e inspirado en el acompañamiento de guajiras y milongas. Es importante reseñar en este sentido que Pepe Marchena, creador del género, era a su vez un destacado intérprete de guajiras y milongas flamencas y que a la hora de componer la citada canción “Mi Colombiana” se inspiró sin duda en los géneros de ida y vuelta que él tanto apreciaba. En el plano melódico las colombianas responden a una melodía métrica con una ornamentación sobria si la comparamos con otros géneros flamencos y suelen basar sus tonadas en el modelo central que responde, con mayores o menores variaciones, al original de Pepe Marchena. Al igual que en otros cantes de ida y vuelta, como las rumbas, las colombianas pueden ser interpretadas a dos voces al estilo de la trova tradicional cubana o de bambuco colombiano. La estrofa sobre la que se interpreta suele ser la de seis versos octosílabos.

sábado, 25 de mayo de 2019

sábado, 5 de enero de 2019

Villancico . Tangos


LUÍS TORRES CÁDIZ, cantaor gitano,  más conocido con el nombre artístico de JOSELERO.  Nació en La Puebla de Cazalla (Sevilla), en el año 1910, y murió en Morón de la Frontera (Sevilla), en el 1985. Hermano de Joselero de quien toma su apodo o El Niño de La Puebla, Joselero fue padre de El Andorrano, y Diego de Morón, perteneciente a una familia donde se cantaba, aunque en ella no hubiera profesionales. Su matrimonio con Amparo Amaya Flores, hermana de Diego el del Gastor, fue providencial, porque los dos hombres permanecieron muy unidos el resto de sus días: Diego acompañaba con su guitarra el cante de Joselero, y los dos formaban una pareja que se complementaba a la perfección. Joselero se movió fundamentalmente en las reuniones de aficionados

de JOSELERO.  Nació en La Puebla de Cazalla (Sevilla), en el año 1910, y murió en Morón de la Frontera (Sevilla), en el 1985. Hermano de Joselero de quien toma su apodo o El Niño de La Puebla, Joselero fue padre de El Andorrano, y Diego de Morón, perteneciente a una familia donde se cantaba, aunque en ella no hubiera profesionales. Su matrimonio con Amparo Amaya Flores, hermana de Diego el del Gastor, fue providencial, porque los dos hombres permanecieron muy unidos el resto de sus días: Diego acompañaba con su guitarra el cante de Joselero, y los dos formaban una pareja que se complementaba a la perfección. Joselero se movió fundamentalmente en las reuniones de aficionados


Gitano de puras raices,
siendo para el cante
de grandes matices,
con su gran poderío,
conquisto el mundo
del flamenco de lo mejor
que el cante a tenido,
toda la afición admira
su arte y sabiduría
para tenerlo siempre
en el recuerdo como el gitano
del cante mejor del universo. 


Luis Torres " Joselero "
Guitar: Diego el del Gastor Composer, Lyricist: Popular Producer: Jose Manuel Caballero Bonald

domingo, 10 de junio de 2018

Meu sidi Ibrahim. Jarcha 23




Una jarcha —del árabe: خرجة (jarŷa), es decir, salida o final— es una breve composición lírica que cerraba los poemas en árabe llamados moaxajas, escritos por poetas andalusíes árabes o hebreos en la Hispania musulmana.1​ La jarcha generalmente se escribía en árabe coloquial, pero en algunos casos se escribía en lengua romance (mozárabe), aunque no hay acuerdo sobre el número de jarchas de este segundo tipo.
Se trata de una composición de carácter amoroso a la que se ha buscado una relación con la lírica primitiva hispánica de origen popular, como las Cantigas de amigo y los Villancicos.2
La jarcha más antigua parece ser de mediados del siglo XI y la más moderna de la primera mitad del XIV. Frecuentes sobre todo entre finales del siglo XI y principios del XII,3​ la mayoría de las jarchas están compuestas en dialecto hispanoárabe coloquial, pero una pequeña parte lo está en la lengua romance que utilizaban los andalusíes; como consecuencia de ello, constituyen los ejemplos más antiguos que se conocen de poesía en lengua romance.
Fueron escritas por poetas cultos árabes y judíos, que pudieron tomar como modelo la lírica románica tradicional, bien recogiéndolas del folclore popular, bien adaptándolas a sus necesidades métricas (pues debían integrarse en la moaxaja), o bien componiéndolas de nueva creación, a partir de moldes tradicionales.

Muwaschaha: Muhammad ibn Ubada al-Malaqi (s. XI) Poema de amor.

1 Señor mío Ibrahim
2 oh nombre dulce;
3 vente a mí
4 de noche.
5 Si no -si no quieres-,
6 iréme a ti:
7 dime en dónde
8 encontrarte.


domingo, 29 de abril de 2018

viernes, 30 de marzo de 2018

Andalucía






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martes, 19 de septiembre de 2017

Taranto.







EL  TARANTO.

el taranto procede de la zona minera de Almería, y se considera que el primero en cantarlo fue Pedro el Morato, aunque también se ha de citar a "El Cabogatero" (1810-1880), “de la provincia de Almería /que fue el primé tarantero”, y a "El Ciego de la Playa", nacido alrededor de 1840 y que, ya a edad avanzada, mendigó por la capital almeriense con su guitarra, apartando el cante de Almería de los estilos más occidentales de Andalucía y acercándolo a los cantes de Levante. También hay que citar a Juan Abad Díaz "Chilares", nacido en 1868 en el barrio almeriense de Zapillo.
"Al principio se debió de cantar por libre; luego vino la guitarra a acoplarse a una serie de matices de cantes, ganando una serie de melismas, ganando en ritmo, ganando en la eliminación de esa sequedad que tienen como consecuencia de su fundamento y situación social. Pienso que era un cante desnudo por sus motivaciones sociales, de aquí que no pueda calificársele como folklórico"
Al proceder de la zona minera de Almería, se considera el taranto dentro de los cantes de las minas (fandango, taranto y taranta)

Donde estuvo el origen del cante minero? La mayoria de los autores no se pronuncian respecto a esta cuestión. Para Á. Álvarez Caballero la semilla estuvo en Almería. Según este autor "de los ciclos que indefectiblemente se producen en torno a la ecuación cante/mina, el primero de todos se produce en Almería". Y lo sitúa cronológicamente en el año 1838 que fue cuando se produjo el descubrimieento del filón "Jaroso", en la Sierra de Almagrera. El hecho produjo una corriente inmigratoria espectacular. Y allí, en el ámbito almeriense, comenzarían a oirse los primeros cantes de lo que más tarde se llamó "Cante de Levante" o "Cante de las minas".
Los tarantos, tarantas, mineras, cartageneras, ...son cantes nacidos en aquella época que expresan los hechos que acontecen en el mundo del minero. Y hay que resaltar que en la expresión de las letras de esos cantes tuvo gran influencia la vinculación al cantaor del trovero, coplero popular que convivía en la dura realidad diaria con el cantaor.
Durante la primera mitad del siglo XIX, el triángulo minero formado por las comarcas almeriense, cartagenera y jiennense incrementaron extraordinariamente su producción. Este hecho dio lugar a que, a partir de entonces, se relacionaran la vida de sus hombres y, en consecuencia, su trabajo y su cante. Los beneficios económicos de aquel tráfico industrial y comercial llegaban a La Unión, Cartagena... y todo ello se reflejaba en el ambiente popular. Como ejemplo: En 1871 se inaguró un tranvía de vapor que uniría Cartagena con Herrerías. La reacción popular fue extraordinaria, como puede apreciarse por las coplas:
De Cartagena a Herrerías
han levantao una pared;
por la pared va la vía
y por la vía va el tren,
y en el tren la prenda mía.

El taranto se caracteriza principalmente por el ritmo binario con el que se acompaña el cante y que lo diferencia de los otros cantes de Levante. Se considera una variante de la taranta, una especie de tango minero, caracteres opuestos que en la música flamenca se logran fundir. Es el cante de la zona minera de Almería por excelencia (Garrucha y Cuevas de Almanzora) y se considera al cantaor Pedro el Morato como artífice del género. Este cante, que tiene un remate brusco, es sin embargo, sobrio, inasequible al virtuismo y al lucimiento personal y de temática menos minera que la taranta. Algunos autores creen que es una taranta puesta en ritmo de tango por el bailaor Antonio, para hacerla bailable e incorporarla a su repertorio. En lo referente a los diferentes tipos de tonadas diferenciamos el taranto de Linares del de Almería. Se canta en fragmentos de cuatro compases cada uno con mayor o menor libertad por el cantaor, que se mantiene hasta la cadencia, donde se vuelve a retomar el compás a fin de facilitar el baile. La versión bailable del taranto está consolidada dentro del repertorio de bailaores y bailaoras, enriqueciendo el baile flamenco con un palo de una gran belleza que, sobre un compás binario, permite dibujar el colorido singular de esa música minera. Se canta sobre una copla de cuatro o cinco versos octosílabos y la temática de las letras suelen ser amatoria o de ambiente minero

ARCHIVO FUENTE : http://www.flamencopolis.com/archives/329 

sábado, 8 de abril de 2017

El carbonerillo.


Cantaor: El carbonerillo
Guitarrista: Niño Ricardo
Año de grabación: 1929
Palo flamenco: Fandangos

La pena grande que se llora,
con las lágrimas se va;
la pena grande es la pena
que no se puede llorar;
esa no se va, se queda.
Ya se acabó aquella alegría tan grande
que en mi corazón reinaba;
y viendo que se moría,
y que solo a mí me dejaba
                                                                                                       la que en el mundo a mí me quería.

Manuel Vega García (n. Sevilla el 8 de febrero de 1906 en la calle del sol - 6 de abril de 1937 en la calle Don Fadrique nº 51 ), más conocido como "El Carbonerillo", fue un cantaor deflamenco español. Hijo de Manuel Vega Villar que fue bailaor y cantaor de Flamenco en el Café Concierto Novedades de Sevilla, que también impartió clases a Francisco y la Kika y al Tumba de Triana.
Manuel Vega debutó en 1918 como cantante profesional en el Café Concierto Novedades de Sevilla, junto a otros cantaores como Pepe Pinto y Pepe Marchena.1 El Carbonerillo fue un gran impulsor del fandango, siendo el creador de un estilo propio en el cante de este palo del flamenco. Para ello contó con la colaboración del guitarrista Niño Ricardo, con el cual realizó sus primeras grabaciones en formato de disco de pizarra. Posteriormente se hizo acompañar por el guitarrista Miguel Borrull.
El Carbonerillo incluía en su repertorio, además del fandango, otros palos del flamenco como las seguiriyas, las tarantas, los tangos o las soleares, si bien siempre fue el fandango el palo flamenco más interpretado por este cantaor y el que más fama le dio en el mundo del flamenco del primer tercio del siglo XX.
Está considerado por algunos críticos como parte del plantel de artistas que conformaron la llamada "Ópera flamenca", entre los cuales se encuentran enumerados La Niña de los Peines, Manuel Vallejo o Pepe Marchena, entre otros.2
En 1932 se desplazó a Madrid, donde actuó en el Teatro Fuencarral, y al año siguiente actuó en Algeciras durante toda una temporada. Finalmente, enfermó de tuberculosis y murió en Sevilla en 1937. En 2006, conmemorando el centenario de su nacimiento, la Bienal de Arte Flamenco de Sevilla celebró un homenaje a su figura.3 ""
Al escuchar al Carbonerillo es fácil entender qué tiene de especial la música flamenca frente a otras músicas. El flamenco es la única que permite que un verso sea un vómito de dolor, que en un tono se concentre toda la rabia que puede expresar una garganta rota, que un acento sea un terrible aguijón de la vida"" ""Carbonerillo es eso, y en eso estriba su genialidad, libre en sus múltiples fandangos, profunda en sus soleares y terrible en sus seguiriyas"" ""
En los cinco versos de un fandango se cuenta una historia completa, pero Carbonerillo la sufre, se lamenta, la llora; y el que lo escucha sólo puede, paralizado, sentirla en su dolor, el de Carbonerillo, en su quejío, en su lastimera pena, que anuda nuestra garganta""

 Hermosas palabras, escritas por Marcos Escánez Carrillo en Jondo Web, que resumen lo que me hubiera gustado haber podido decir por mí mismo.

sábado, 8 de octubre de 2016

Nuba-gharibat-Al-Husayn

 




CALAMUS

'El esplendor de Al-Andalus' es un testimonio de la brillante cultura islámica que vivió mas de siete siglos y dejó un gran influjo en la península ibérica, desde el año 711, en que se inicia la presencia árabe, hasta un siglo después de 1492, final del último reino Nazarí de Granada.

Al-Andalus fue durante siglos la frontera occidental del Islam, lo que le otorgó un lugar privilegiado en las leyendas y mitos de la relación del Islam y la cristiandad medieval.

El magnífico legado poético-musical del Islam Español no ha sido suficientemente investigado y apreciado. La expansión de sus logros llegó al Norte de África y al Mediterráneo oriental, donde hoy hallamos importantes vestigios. Asímismo, en los momentos del auge del Califato de Córdoba y de los reinos de Taifas, existió un gran influjo cultural tanto en la España cristiana como en Francia e Italia, a través de músicos musulmanes y judíos.





El tratamiento que hace CÁLAMUS de este legado musical acentúa la visión del entorno medieval en el que fue creado. Esto se realiza mediante dos trabajos: a través del estudio de su origen, y mediante la búsqueda de lo que queda de original en la tradición interpretativa, contando también con la construcción y utilización de los instrumentos de la época.

El florecimiento poético-musical de Al-Andalus llega a su cima en la forma de la Nawba. Su creador fue Ziryab, el músico más celebrado del occidente árabe. Su nombre viene a significar 'mirlo' apodo que le fue puesto por su color moreno y la dulzura de su voz. En la corte de Bagdad de Harun r-Rashid 786-809), se ganó el favor del califa por su talento y virtuosismo tañendo el laúd. Su celoso maestro Al Musuli le obliga a salir de Persia, llegando a instalarse tras muchas aventuras en la Córdoba de Abd al Rahmán II (822-825). Allí funda una escuela musical creando el arquetipo de laúd, que posteriormente se implanta tanto en la España cristiana como en el Norte de África, y formando la primitiva estructura de la Nawba.

Nawba significa 'turno', música ejecutada para un señor en forma da collar, en el que cada cuenta es una canción de diferente tamaño y forma. Así cada Nawba es un grupo de canciones que se enlazan unas con otras en movimientos según una estructura rítmico-métrica y que tienen un mismo 'color', que es su modalidad musical. El número de canciones es variable, siendo organizado para cada sesión musical. Las medidas o movimientos rítmicos originariamente son cuatro: Basít, Qáym wa Nisf, Btáyhí y Quddám.

Los nombres de la Nawba corresponden al modo musical básico sobre la que están compuesta. Estos modos tienen un oficio musical, otro psicosomático atribuyéndoles influencia sobre los estados de ánimo, y otro cosmogónico siendo propicios para ser interpretados en determinadas horas del dia.

En el siglo XIII, con la conquista de Córdoba y Sevilla por Fernando III, el rey de Castilla y León, y la de Valencia por Jaime I de Aragón, comenzó



http://www.sonusantiqva.org/i/P/EPaniagua/1994EsplendorAndalus.html

viernes, 5 de febrero de 2016

Tres morillas me enamoran en Jaén . Cancionero de palacio


Accentus Ensemble.
Thomas Wimmer



El folklore compartido por las gentes de los extensos espacios aledaños e internos de todo el Mediterráneo es muy rico y muy significativo. Lo forman un conglomerado de experiencias y saberes trasvasados en varias direcciones, manifestados por escrito y también oralmente en diversos tipos de formas creativas, como relatos y poemas, refranes y cantos, por sólo citar ahora algunos géneros literarios, cultos y populares. Este folklore que circula desde todos los tiempos por el Mediterráneo se ha disfrutado y disfruta mucho, y se ha estudiado y estudia con tesón, también de forma polémica. Temas concretos viajan entre siglos y pueblos, cruzan a veces culturas locales y espacios enormes, y aparecen aquí y allá más o menos adaptados y retocados, remitiéndonos –desde luego- a la esencia común del ser humano, dicho sea en general, pero también, y mucho más en concreto, indicando el carácter y las acciones de las sociedades fronterizas, como aquí nos interesa, conectadas con varios ámbitos por procesos de trasvases e intercambios consumados en tiempos y espacios compartidos. Esto ocurre con la famosísima canción castellana, o zéjel, de las “Tres morillas me enamoran en Jaén”, cuya primera documentación escrita se localiza en el Oriente árabe en el siglo IX, cuando también llegaría a al-Andalus, desde donde pasó a un registro escrito en castellano, con sus muy significativas adaptaciones, a principios del siglo XVI. Conviene advertir que en esos trasvases hispanoárabes de canciones, la de las “Tres morillas” no fue un suceso aislado, pues, por poner un solo ejemplo, ahí está la titulada “Calvi arabí”, también transferida al castellano2, con testimonios escritos en El Libro de Buen Amor (1330 y 1343), con razón denominado Libro de los cantares, señalada por el trovador portugués Gil Vicente (c.1465 – c. 1536), y por Francisco de Salinas (Burgos, 1513 – Salamanca, 1590), en su De Musica libri septem (Salamanca, 1577)… Además, “Calvi arabí” se propagó oralmente en coplas cotidianas y populares, por Julián Ribera llamadas “canciones de rueda de los muchachos”, y así resultó tan difundida y característica que quedó fosilizada en el fragmento mínimo de “carabí” y menos veces como “garabí”, incrustado en versos de Antonio Machado, en Nuevas canciones (Madrid, 1924), y en otros testimonios literarios
                                             ARCHIVO FUENTE




                                                                   ARCHIVO  GUITARPRO




jueves, 31 de diciembre de 2015

Francisco Guerrero. Villanescas



Francisco Guerrero

Compositor, sacerdote y maestro de capilla español, natural de Sevilla. Francisco Guerrero nació en el año 1528 y es el máximo representante de la escuela andaluza de la segunda mitad del siglo XVI. Se inicia en la música como cantorcico de la catedral del Sevilla. Discípulo de su hermano Pedro Guerrero, de Fernández Castilleja y de Cristóbal de Morales. Su vida profesional discurrió como maestro de capilla entre las catedrales de Jaén (1546), Málaga (1554) y nuevamente Sevilla en 1555. En el año 1550 también fue cantor de la catedral metropolitana de Sevilla. Francisco Guerrero alcanzó pronto gran celebridad dentro y fuera de España, y logró imprimir gran parte de su obra, estando aún en vida, en lugares como Sevilla, Roma, Venecia, Lovaina y París, entre otros. El teórico Cerone le comparó con el compositor flamenco Orlando di Lasso, lo que indica la estima en que se le tenía. También literatos de la talla de Góngora o Lope de Vega elogiaban sus composiciones. Su polifonía se asemeja a la de uno de sus maestros, Cristóbal de Morales: colorista, diáfana y de un gran lirismo. Es espiritual y místico.
 Como él mismo dijo, lo único que pretendió con su música fue incitar a las almas a la contemplación y no halagar a los oídos. Francisco Guerrero es recordado por la variedad de emociones que fue capaz de poner en su música, desde el recogimiento místico a la exaltación, desde la mayor alegría a la desesperación. Su obra, muy popular, siguió interpretándose mucho tiempo, especialmente en las catedrales americanas. Entre sus obras destacan unas 20 misas, más de 100 motetes, un libro de magnificat y sus deliciosas canciones y villanescas espirituales. También encontramos obras profanas suyas en el Cancionero de Medinaceli. Hay que destacar que en 1588 Francisco Guerrero realizó un viaje a Tierra Santa y relató sus recuerdos y vivencias en un libro con el título de El viaje a Jerusalén que hizo Francisco Guerrero (1590). El libro, publicado en Valencia, fue un gran éxito popular. Aunque debido a las deudas contraídas para la publicación de éste, Francisco Guerrero fue condenado a prisión, de la que salió gracias a la intervención del cabildo de Sevilla, que lo liberó en agradecimiento a los servicios prestados anteriormente. Después de esta experiencia volvió a ser contratado como maestro de capilla del coro de la catedral de Sevilla, puesto que ostentó hasta el fin de sus días. Francisco Guerrero fue también miembro de la Inquisición española. Guerrero fallecería en el año 1599 a causa de la peste en Sevilla, la misma ciudad que le vio nacer. Su tumba se encuentra en la Capilla de Nuestra Señora de la Antigua. El Conservatorio Profesional de música de Sevilla lleva su nombre.




domingo, 1 de noviembre de 2015

Romance de la luna






Este texto correspondiente al Romancero gitano de García Lorca es un claro exponente de la personalísima simbiosis entre tradición y vanguardia que caracteriza al poeta andaluz. Así, valiéndose de los elementos de un molde claramente arraigado en nuestra lírica –el romance –, los reelabora y recrea logrando encarnar de manera sugerente algunos de los temas, obsesiones y símbolos más representativos de su obra. En síntesis, el poema nos cuenta una sencilla y conmovedora historia: la muerte de un niño gitano en una noche de luna llena. Ahora bien, en García Lorca es casi una constante la fusión entre realidad y mito, de modo que se puede decir que la realidad se transustancia en el mito de una forma original y atractiva. De esta manera, la anécdota se diluye en un confuso y abigarrado mundo de sensaciones que enlazan con lo primigenio y eterno: el ancestral temor ante la muerte. Lo que queda tras la lectura es, fundamentalmente, la impresión de lo fatal. Al leer los ocho primeros versos nos encontramos con una escena llena de vida: es de noche, estamos en una fragua y un niño contempla embelesado la llegada de la luna:

a luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
[…]
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura
sus senos de duro estaño.


Como podemos advertir, el poema comienza con una prosopopeya mediante la cual la luna, dotada de atributos femeninos y ataviada anacrónicamente con un polisón, se presenta en la fragua, es decir, en el ámbito de los gitanos. El polisón de nardos constituye una original metáfora preposicional «a de b»(1), puesto que los nardos metaforizan la blanca y brillante luz de la luna. Reparemos en que el poema comienza con la utilización del tiempo verbal característico de la narración: el indefinido vino que, además de situarnos en un clásico espacio narrativo, supone la adopción de un punto de vista interno respecto del espacio de la acción, ya que se dice vino en lugar de fue; es decir, el narrador se adscribe implícitamente al mundo evocado en calidad de testigo ocular. Los cuatro primeros versos se dividen en dos mitades equivalentes, la segunda de las cuales presenta al otro personaje de la trama: el niño. Destaca el contraste entre la normalidad gramatical del primer artículo –la luna– y la transgresión de la norma al presentar determinado a un ser que todavía no lo está –el niño–. Aparte de esto, resalta también el juego de las alternancias verbales que García Lorca toma prestado del Romancero viejo en que lo narrativo (tiempo pasado) y lo lírico (tiempo presente) se funden. Así, frente al pasado narrativo vino nos encontramos con el presente la mira, mira que actualiza la acción y que nos lleva de la narración de un hecho que ya pasó a la contemplación presente de la escena. Tampoco debe pasar inadvertido el típico fenómeno lírico de la repetición de una palabra –la mira, mira– en abierta consonancia paradigmática con el título –Romance de la luna luna–. Dicha repetición, tan característica de las canciones de corro, no sólo impregna la escena de un halo ingenuo e infantil, sino que potencia asimismo el aspecto durativo de la perífrasis siguiente: la está mirando. En cuanto a la caracterización de los personajes, se opone la actitud activa de la luna frente a la pasiva y contemplativa del niño, lo cual anticipa lo que va a ser el desarrollo y desenlace del romance. Sabemos que para Lorca la luna es símbolo de muerte, pero al principio de la composición no nos muestra todavía su guadaña. Aparentemente esta bella luna es diferente de esa luna negra de los bandoleros de la Canción de jinete o de aquella luna menguante que pone cabelleras amarillas del Muerto de Amor. Esta luna sensual y seductora realiza cual «bailaora» gitana una suerte de danza provocativa en la que agita los brazos y muestra el busto igualmente metaforizado por la fórmula «a de b»: senos de duro estaño. En la doble adjetivación lúbrica y pura encontramos un fenómeno antitético, ya que fonéticamente los dos vocablos constituyen una rima interna en asonancia que a su vez nos remite al título –luna–, creándose así una afinidad en el plano de los significantes muy evidente, mientras que los significados establecen en principio una clara oposición entre pureza y lubricidad, paradoja que se resuelve si reconocemos que la lubricidad es pura por ser instintiva. También salta a la vista la personificación del aire que parece hacerse eco de la conmoción que experimenta el niño y que a su vez constituye un presentimiento del drama que se avecina: A partir del verso noveno asistimos al tenso diálogo entre el niño y la luna:

 Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
– Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
– Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
– Niño déjame, no pises
mi blancor almidonado.



Federico García Lorca (Fuentevaqueros, 5 de junio de 1898 - Víznar, 19 de agosto de 1936). Poeta y dramaturgo español. En 1915 comienza a estudiar Filosofía y Letras, así como Derecho, en la Universidad de Granada. Forma parte de El Rinconcillo, centro de reunión de los artistas granadinos donde conoce a Manuel de Falla. Entre 1916 y 1917 realiza una serie de viajes por España con sus compañeros de estudios, conociendo a Antonio Machado. En 1919 se traslada a Madrid y se instala en la Residencia de Estudiantes, coincidiendo con numerosos literatos e intelectuales.

Junto a un grupo de intelectuales granadinos funda en 1928 la revista Gallo, de la que sólo salen 2 ejemplares. En 1929 viaja a Nueva York y a Cuba. Dos años después funda el grupo teatral universitario La Barraca, para acercar el teatro al pueblo, y en 1936 vuelve a Granada donde es detenido y fusilado por sus ideas liberales. Escribe tanto poesía como teatro, si bien en los últimos años se volcó más en este último, participando no sólo en su creación sino también en la escenificación y el montaje. En sus primeros libros de poesía se muestra más bien modernista, siguiendo la estela de Antonio Machado, Rubén Darío y Salvador Rueda. En una segunda etapa aúna el Modernismo con la Vanguardia, partiendo de una base tradicional. En cuanto a su labor teatral, Lorca emplea rasgos líricos, míticos y simbólicos, y recurre tanto a la canción popular como a la desmesura calderoniana o al teatro de títeres. En su teatro lo visual es tan importante como lo lingüístico, y predomina siempre el dramatismo. En la actualidad Federico García Lorca es el poeta español más leído de todos los tiempos.

lunes, 12 de octubre de 2015

Aunque dé gritos la noche . Tangos de Málaga




 Los culpables de que en Málaga se desarrollara una variedad de tangos específicos y diferentes fueron El Piyayo, La Pirula y su discípula y seguidora La Repompa.De su estancia en Cuba se trajo aromas del punto cubano y dio a sus tangos aires de guajira; por eso muchos aficionados prefieren hablar de los cantes del Piyayo mejor que de tangos . La segunda figura creadora de tangos, con denominación de origen, malagueños fue Dolores Campos más conocida como La Pirula, nacida en el barrio malacitano del Perchel y artista de fiestas y que no llegó a grabar. Sus cantes los divulgó Enriqueta Reyes Porras, La Repompa de Málaga, que al parecer los aprendió de un disco que habría grabado su hermana (de la Repompa) Paquita, como nos cuenta la Cañeta de Málaga, hija de la Pirula ..como el amor, la música, el lenguaje.

FÉLIX  GRANDE .
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Estoy solo en mi casa, esperando a los míos. Ya no pueden tardar. Estuve escuchando a la vida asomado a la ventana de mi cuarto. Suele ocurrir que uno se quede solo y le rodeen los seres y los años: y las ganas de no morir, de que no muera nadie, nada, de ningún modo, nunca. Entonces hace falta la música: se necesita ayuda, pues no somos indestructibles. Puse un disco de Camarón y Paco de Lucía.
Escuché, muchas veces, una siguiriya 31 que habla de una madre enferma y de una desesperación con los ojos clavados en «los santos del cielo». Recordé muchos días, tardes, noches, muchos vasos de vino. Supe muy bien que la memoria es vida. Recordé una frase de Friedrich Nietzsche: «Sin la música, la vida sería un error». Me repetí esta frase muchas veces, hasta que por detrás de su hermosa cabeza blanca asomó otra frase no menos hermosa: sin la vida, la música sería un error: sería poco honorable. Lo que sigue puede parecer raro, o puede parecer improvisado; pero no lo es. Se trata de una verificación continuada, casi una certidumbre. Es ésta: en sus grandes momentos, los mejores de entre los artistas flamencos, en su abundante y lenta copa no beben jamás el vino trágico que busca la baldía piedad del olvido ni el vino intermedio de las fiestas triviales: beben el vino profundo que alude a la ambición de ser. «Aun el más valiente de nosotros rara vez tiene coraje para enfrentarse a lo que realmente sabe», ha dicho también Nietzsche; precisamente, esas horas de que hablo son esa «rara vez»: la facultad de desliar a la vida (desliar ese atroz pergamino que contiene a los recuerdos, a las derrotas, a las emociones delicadas o turbulentas, a los desfallecimientos inolvidables y al más furioso afán de amor, que desde luego conlleva una terminante sed de tiempo) y leerla de un trago impetuoso. En el vaso del artista flamenco —también en el de quien logra escuchar con su corazón puntual— todo el tiempo pasado y toda la avaricia de futuro, la angustia de morir y la ambición de ser y la necesidad de amar, se transfiguran en un presente espeso, incontenible, que siembra en la copla todo un lujo de onomatopeyas y quejidos —los dos gestos más expresivos del lenguaje—. En ese vaso la memoria viaja sin método y también sin cansancio, acarreando vida, síntesis, expresión: cuando se ve una fugaz angustia en el rostro del cantaor, lo más seguro es que ande persiguiendo, desde dentro mismo del cante, una forma, un grito, una historia, un soplo de verdad total, una nota terrible: entonces se suele socorrer con su vaso.

Mientras desciende el sol, lento como la muerte,
observas a menudo esa calle donde está la escalera
que conduce a la puerta de tu guarida. Dentro
se encuentra un hombre pálido, cumplida ya, remota
la mitad de su edad; fuma y se asoma
hacia la calle desviada; soríe solitario
a este lado de la ventana, la famosa frontera.

Tú eres ese hombre; una hora larga llevas
viendo tus propios movimientos
pensando desde fuera, con piedad,
las ideas que en el papel pacientemente depositas;
escribiendo, como fin de una estrofa,
que es muy penoso ser, así, dos veces,
el pensarse pensando,
la vorágine sinuosa de mirar la mirada,
como un juego de niños que tortura, paraliza, envejece.

La tarde, casi enferma de tan lejana,
se sumerge en la noche
como un cuerpo harto ya de fatiga, en el mar, dulcemente.
Cruzan aves aisladas el espacio de color indeciso
y, allá al final, algunos caminantes pausados
se dejan agostar por la distancia; entonces
el paisaje parece un tapiz misterioso y sombrío.

Y comprendes, despacio, sin angustia,
que esta tarde no tienes realidad, pues a veces
la vida se coagula y se interrumpe, y nada entonces
puedes hacer contra ello, más que sufrir un sufrimiento,
desorientado y perezoso, una manera de dolor marchito,
y recordar, prolijamente,
algunos muertos que fueron desdichados.

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