jueves, 12 de agosto de 2010

El Peneca y el sueño de Epiménides.


1.- El peneca, un ejemplo de imaginación.
Sesenta años de tiempo nos separan más o menos de este número del Peneca, poca cosa para notar mudanzas en el mundo que nos rodea. El sistema planetario sigue atenido rigurosamente a sus leyes matemáticas. Se comporta con precisión y elegancia, pero también con monotonía desoladora. Días y noches se suceden sin que se nos obsequie con un meteoro nuevo. De cuando en cuando, algún eclipse de sol o de luna, algún bólido caído distraídamente en nuestra tierra, tal cual aurora boreal, tratan en vano de romper la milenaria uniformidad de nuestro minúsculo sistema planetario ; pero tales cambios obedecen también a principios mecánicos invariables.
¿ Es que nuestro mundo carece de imaginación ?

2.- El peneca, una pasión digna de vivir..
Tampoco en los seres vivientes y por de contado en el hombre se advierten hoy en día grandes metamorfosis. La Humanidad gira también con aburrida tenacidad, como hace diez mil años, en torno de estos cuatro centros de atracción : el alimento, el amor, la holgazanería y el afán de dominio. No ha sabido inventar una pasión nueva, ni un vicio inédito. Como no se tenga por tal el afán de saber, anatomizado por el Eclesiastés.

3.- El peneca, un amigo que no cambia.
Cuando se curiosea el comportamiento del hormiguero humano, es decir, los juegos, los espectáculos teatrales, los trajes, los inventos del maquinismo, etc, evoca uno sin querer el mito de Epiménides, dormido en su cueva y desvelado al cabo de cincuenta y siete años para visitar su patria:
" Enviólo una vez su padre a un campo suyo con una oveja y, desviándose del camino, a la hora del mediodía se entró en una cueva y durmió allí por espacio de 57 años (67). Despertado después de este tiempo buscó la oveja, creyendo haber dormido sólo un rato, pero, no hallándola, se volvió al campo; y como lo viese todo de otro aspecto y aun el campo en poder de otro, maravillado en extremo, se fue a la ciudad. Quiso entrar en su casa y, preguntándole quién era, halló a su hermano menor, entonces ya viejo, el cual supo de su boca toda la verdad. Conocido por esto de toda Grecia, lo tuvieron todos por muy amado de los dioses."

1 comentario:

  1. El Peneca. Revista de la infancia de mi padre y cuya lectura me transportaba a un mágico mundo de entretención. Solo hermosos recuerdos con las historias de Corazón Valiente, El Capitán Luna, El Negrito floridor.
    Gracias por rescatar un mundo de creaciones y ponerlas al alcance de todos.
    Felicitaciones
    orsoto

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