domingo, 27 de febrero de 2011

Memoria histórica por MLP


Memoria histórica

Historieta y Guerra Civil .
Nuestro siglo XX se caracterizó por haber ocurrido en él dos grandes guerras –la Primera y la Segunda Mundiales– así como por la popularización de las nuevas formas artísticas, propiciada por los medios de comunicación de masas.
La Guerra Civil española supuso, entre otras cosas, una ruptura con los modelos culturales anteriores. Desde el punto de vista de la historieta, los últimos autores de las generaciones del 98 y del 27 mueren en esta época, o bien, a causa de la situación política, salen hacia el exilio. Los autores jóvenes se ven privados del contacto con su inmediata tradición anterior, así como con la de las principales corrientes europeas. Estas circunstancias producen un empobrecimiento y un declive de nuestra historieta.


La historieta de posguerra.
Conviene destacar que la creación de una revista era tarea difícil y en la práctica hecha imposible por una serie de preceptos legales. A fin de solucionar este problema, se solía recurrir a publicaciones o meros nombres ya existentes para ir modificando luego su contenido y aunque coartada por la censura y por la falta de contacto con las nuevas corrientes, la historieta autóctona refleja un afán de originalidad y una continua búsqueda de nuevas formas de expresión que poco a poco, irán consiguiendo una mayor calidad artística.

La Censura
El ejemplo más ilustrativo de esta orientación totalizadora lo encontramos en la publicación eclesiástica (Tello Lázaro Ecclesia 128-130), en cuya sección literaria se llevó a efecto, desde 1944, un ambicioso proyecto de perfeccionar la censura estatal con unos dictámenes y consejos a los lectores en materia de libros. En esta «orientación bibliográfica» se hacía uso de un complicadísimo sistema clasificando los libros de acuerdo con su grado de moralidad como prohibidos, reprobados, dañosos, peligrosos, frívolos, inofensivos, morales o moralizadores; una segunda graduación determinaba su aptitud para diez estratos distintos de lectores según su formación, posición social y edad. Resulta sorprendente ver cómo los criterios de Ecclesia, bajo una censura estatal de una rigidez y ortodoxia religiosa ejemplares, conseguían superar la intransigencia del aparato estatal tanto en sus aspectos moral y religioso como político. Numerosas obras ya aprobadas por la censura franquista caen en categorías prohibitivas o restrictivas, bien por anticlericales, heréticas o inmorales.
Los temas tabú
Como ya hemos visto, durante el franquismo hubo una férrea censura y era imposible dar testimonio de la España real, sometida a los dictados del Caudillo y su camarilla; esa mordaza condicionó y limitó el trabajo de novelistas y poetas, historietistas, cineastas y dramaturgos, etc. Porque uno sabía perfectamente que a ciertos personajes y a determinados temas -por ejemplo el sexo, la religión, el régimen, la policía, los militares y la jerarquía eclesiástica- no podían ser tratados libremente.
Fue a través del humor que se cuestionaron una serie de aspectos sociales y culturales de la sociedad española. Por medio de la ironía y de la intención paródica: La historieta testimonial.

La historieta de humor o historieta testimonial.
Es una historieta, cargada de angustia, desarraigada, basada en un enfoque testimonial enmascarado en el humor. Se presenta un cuadro social desolado, se caracteriza por presentar una actitud crítica y analítica. Pulgarcito es, indudablemente, el más claro exponente de ese tipo de historieta.
Comandados por Rafael González, los Escobar, Peñarroya, Cifré, Nadal, Jorge, Contí, etc. las más corrosivas y cáusticas historietas de todo el periodo franquista.
Hace ya tiempo que los historiadores deberían haber admitido que las páginas de Pulgarcito son importantes evidencias para cualquier estudio sobre el siglo XX, y es necesario justificar una incursión en este campo. Pulgarcito debería convertirse en una referencia obligada dentro de nuestra historiografía, tanto por su impacto público, como por haber sabido retratar una sociedad que vivía en la tristeza del franquismo.

La época dorada de la historieta humorística española
Los finales de los cuarenta y principios de los cincuenta son, por descontado, la segunda edad de oro de la historieta humorística española, al no encontrase ésta atada las ligaduras que tenía la historieta de aventuras respecto a los géneros históricos y patrióticos.
Es en esos años cuando explotan revistas como Pulgarcito. Se trata de una publicación muy autóctona. Son unas historietas distintas a las que se venían haciendo hasta entonces. Pulgarcito proporciona con su reaparición una dosis de mala uva, de la que, en cierto modo, carecía la historieta de humor, más dada a un tratamiento más amable de los personajes. Los personajes de Pulgarcito son el vivo reflejo de alguien que quiere alcanzar algo que no consigue y es víctima de las trampas de la sociedad. Las páginas de Pulgarcito son un compendio de lo humorístico-costumbrista a lo trágico, que se pone de manifiesto a lo largo de sus primeros 10 años.
Y poco a poco se fueron incorporando nuevos y más graciosos personajes, que intentaban reflejar fielmente el sentido del humor de un pueblo destrozado por una guerra.
No en vano la esencia del tebeo tradicional ha sido desde siempre el humor. Personajes como Jaimito, Mortadelo y Filemón, los hermanos Zipi y Zape, Anacleto, las Hermanas Gilda o SuperLópez están en la memoria de todos.
Los grandes ídolos como el Guerrero del Antifaz, El Cachorro, el Capitán Trueno o el Corsario de Hierro no lograron desbancar a los personajes más cómicos del tebeo español, que todavía perviven en recopilatorios, colecciones y reediciones de las viejas revistas.
Humor
En Pulgarcito es donde se han desenvuelto muchos de los grandes maestros de este género. Su fin principal es el hacer reír, pero esta condición puede ir desde sus formas más blancas hasta la más acre crítica social. Pulgarcito es un ejemplo clásico del mismo.
El éxito de Pulgarcito conllevó a la edición de otras revistas como DDT, Tiovivo o Can-Can. Nuevos soportes que permitieron dar salida a la creatividad de una fértil cartera de dibujantes.

Manuel López Porras

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