domingo, 9 de noviembre de 2014

El arrullo de la lluvia.



 
El aire nos hacía reír;
juntaba la mirada de nuestros ojos,
 mientras el hilo corría
entre los dedos detrás del viento,
 hasta que se rompía
con un leve crujido
 como si hubiera sido trozado
por las alas de algún pájaro.
Y allá arriba, el pájaro de papel
caía en maromas arrastrando
su cola de hilacho,
perdiéndose en el verdor de la tierra.
 
Por la noche volvió a llover.
Se estuvo oyendo el borbotar
del agua durante largo rato;
luego se ha de haber dormido,
porque cuando despertó sólo
 se oía una llovizna callada.
Los vidrios de la ventana estaban opacos,
 y del otro lado las gotas resbalaban
 en hilos gruesos como de lágrimas.
Miraba caer las gotas iluminadas
 por los relámpagos,
y cada vez que respiraba suspiraba,
y cada vez que pensaba, pensaba en ti,
mi  amada  tardía .

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