viernes, 26 de agosto de 2016

Cantiga de Santa María 028 Todo logar mui ben pode...





Esta es cómo Santa María defendió Constantinopla de los moros que la combatían y creían poder tomarla.
Todo lugar que tiene a Santa María por escudo puede muy bien ser defendido. De lo cual quiero contaros, muy de corazón, un milagro, de los más grandes, que hizo la Virgen sin par, que no quiso que fuese perdido ni vencido el pueblo que Ella tenía que guardar.
De cómo he hallado escrito que una vez que Constantinopla hubo sido tomada por los cristianos, un rey vino a cercar la villa, con una hueste de paganos, muy bravo y muy sañudo para tomarla por la fuerza y ser más temido.
Y comenzó a decir, con la saña que tenía, que si por la fuerza pudiese tomar la ciudad, haría matar al pueblo llano y llevaría el tesoro que tenían escondido. Dentro de la ciudad, como he oído, así Dios me ayude y me perdone, estaba San Germán, un santo patriarca que fue a rogar a la Virgen que el pueblo fuese socorrido por Ella, sin tardanza, frente a aquel atrevido moro.
Y a las damas de la muy noble ciudad les aconsejó, reciamente, que fuesen a encender velas ante la imagen, en majestad, de la Virgen, para que el pueblo del lugar no fuese traicionado ni rendido. Pero aquel sultán moro hizo poner máquinas de guerra lanzadoras de piedras, y que tirasen los arqueros y, así combatida, la muralla fue hendida muy pronto, y sufrieron tal y tanta cuita los de dentro, que hubiesen sido presos si la Virgen muy santa no fuese a llegarse allí, con su manto extendido, para amparar el muro y que no se derrumbase.
Y allí descendió gran legión de santos, que apareció con Ella, y Ella, muy sin saña, fue a poner su manto donde recibió muchos golpes de los que hizo dar allí el sultán bezudo.
 Y sucedió esa vez a los que combatían que Dios, por miedo de su Madre, hizo que allí donde herían sus golpes, allí fueron las gente para matar a aquel Sultán barbudo y a liberar el muro ya caído. Aquel sultán, -no mentimos- creyó que con engaño lo querían acometer los suyos y comenzó a llamar a Mahoma, el falso conocido, que los viniese a ayudar, pero quedó decepcionado
. Allí al levantar los ojos, hacia el cielo, vio enseguida a la Madre de Dios, cubierta con su velo, estar sobre la villa, con el manto tendido y recibiendo las heridas. Cuando tal vio, se tuvo por pecador, pues vio que aquel hecho era cosa de Nuestro Señor; por ello, por ningún motivo, quiso ordenar combate y obrando como hombre cuerdo, entró en la villa sin que los suyos lo conocieran.
 Se fue hacia san Germán aquel sultán pagano, y le dijo: -Señor, desde hoy quiero, por vuestra mano, hacerme cristiano y ser convertido y dejar a Mahoma, el falso cobarde.
 Y por lo que he determinado esto os lo digo en seguida; según dice vuestra Ley, a la muy Santa Reina he visto, que os vino a liberar, pues se me ha aparecido, quiero ser bautizado, pero que no sea sabido. Sería muy difícil deciros los grandes dones, ricos y buenos, que entregó aquel sultán de Siria, y además les dio seguridades de que no sería atacado el reino, así dios me ampare, y le fue agradacido.






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