miércoles, 7 de diciembre de 2016

042 Cántigas de Santa María






Esta es cómo el clerizonte metió el anillo en el dedo de la imagen de Santa María, y la imagen encogió el dedo con él. "La Virgen muy gloriosa, espiritual reina, es celosa de los que ama, porque no quiere que obren mal. De esto os diré un milagro hermoso, en que hallaréis placer; lo hizo la Virgen, Madre de Nuestro Señor, y por él libró de gran fallo a un muy falso amador que, a menudo, cambiaba sus amores, de uno en otro.
 Fue en tierra de Alemania, donde querían unas gentes renovar su iglesia y, por ello, sacaron a fuera la imagen en majestad que estaba en el altar, y la pusieron en la puerta de la plaza, bajo el pórtico. En aquella plaza había un prado muy verde, en que las gentes de aquella tierra iban a tener su solaz, y jugaban a la pelota, que es juego que place a muchos hombres mancebos más que cualquier otro juego. Sobre esto, en cierta ocasión llegó para jugar a la pelota un gran tropel de mancebos, y un doncel que andaba enamorado traía el anillo que su amiga le diera, porque era su allegado. Este doncel, con miedo de torcer el anillo cuando le diese a la pelota, fue a buscar dónde pudiese ponerlo, y vio la imagen, de tan hermoso parecer, y se lo metió en un dedo diciendo: "Desde hoy no se me da nada" de aquella que yo quería, porque, juro a Dios, que nunca tan bella cosa vieron estos ojos míos; por ende, de ahora en adelante, seré uno de tus siervos, y este anillo tan hermoso te lo doy por señal. E hincado de hinojos ante

 Ella, con devoción, diciendo "Ave María", le prometió entonces que, desde allí en adelante, nunca, en su corazón, querría bien a otra mujer, y que le sería leal. Después que hubo hecho esta promesa, el doncel se irguió, y la imagen encogió el dedo con el anillo y él, cuando tal vio, se llenó de pavor y dijo a grandes voces: "¡Ay, Santa María, váleme!" Las gentes, cuando esto oyeron, se llegaron corriendo allí donde el doncel gritaba, y él les contó lo que ya os he dicho; y le aconsejaron que entrase luego en la orden de los monjes de Claraval. Todos creyeron entonces que lo había hecho, pero, por consejo del demonio, hizo las cosas de otra manera que como lo había prometido a la Virgen de gran prez; así se le deshizo de la mente, como deshace el agua la sal. Y de la Virgen Gloriosa nunca después se acordó, antes hubo otra vez de enamorarse de la amiga primera y, por complacer a los padres, luego casó con ella y dejó el goce del otro mundo por el terrenal. Cuando las bodas fueron hechas y se terminó el día, se acostó el novio primero y tan pronto se adormeció, dormido, en sueños, vio a Santa María que lo llamó muy airada: "Ay, mi falso mentiroso." ¿Por qué te partiste de Mí y fuiste a buscar mujer? Mal te acordaste de la sortija que me diste; por eso es menester que la dejes y te vayas conmigo, de cualquier modo, si no, de aquí en adelante, tendrás una mortal angustia. Luego se despertó el novio, pero no se quiso ir, y la Virgen gloriosa lo hizo otra vez dormir, y le vio yacer, entre la novia y él, para separarlos, llamándolo muy sañuda: "-Malo, falso, desleal. ¿Vienes? Y ¿no tienes vergüenza de haberme dejado? Pero si quieres mi amor, te levantarás de aquí y te irás conmigo luego, no esperes a mañana, sal de esta casa, ¡sal!" Entonces se despertó el novio, y tomó de aquello tal miedo, que se levantó y se puso en marcha, que no llamó dos ni tres hombres que se fuesen con él, y por montes anduvo más de un mes y se metió en una ermita, al lado de un pinar. Y después, toda su vida -según he hallado escrito- sirvió a Santa María, Madre del muy alto Rey, que lo llevó consigo, según creo y sé, de este mundo al Paraíso, el Reino Celestial.







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