domingo, 15 de octubre de 2017

Cantigas de Santa María 123







Esta es cómo Santa María guardó a su fraile menor de los diablos en la hora en que iba a morir, y se retorcía todo con el miedo a ellos.
 "Una señal de Santa María, cualquiera que sea, valdrá mucho a quien en Ella creyese firmemente." Porque cualquier cosa que sea de esta Señora le valdrá mucho a quien sea afligido por un mal y ha de valerle mucho contra el demonio mayor, allí donde sobre él tenga gran poder.
 Bien como en Vitoria sanó una vez a un fraile menor, que en la niñez, había entrado en la Orden, y viviedo en ella, había ganado buena fama.
 Pero fue menester que le acudiese la Virgen, como le acudió en la hora de morir, porque un poco antes, se retorcía todo y se puso negro.
 Y a quien os diga que cara más fea podía tener otro hombre, no le creáis; pero otro buen fraile se fue luego a encender una candela de la Virgen, mujer bendita.
 Y desde el momento en que se la puso en la mano, luego se le mudó el color negro y se le volvió la faz blanca, sin que actuase allí ningún médico de Montpellier.
 Pero, al poco rato hubo de finar, de lo que tuvieron gran pesar los frailes, temiendo que estuviera en mal lugar y dijeron: "Rece ahora quien sepa rezar todo el salterio, porque si falta, Dios nos haga saber a dónde va a ir éste."
 Por ende, Dios hizo que viniese después de su muerte, ante los frailes y les dijese: "Quien quisiera saber por qué me turbé todo cuando moría, fue porque vi a los diablos, pero cuando me trajeron la candela, huyeron todos.
Y quien bien hiciere traerá siempre consigo alguna señal de Santa María, la que nunca falta a los que le sirven y les vale siempre, y saca de pena a quien en Ella está.
 Así me hizo a mí esto, sabedlo bien; me dio un lugar bueno, tal como me conviene; y vosotros dadle gracias por ello, porque siempre estará a salvo el que tuviese con qué."



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