domingo, 6 de diciembre de 2009

MENDOZA COLT

El Tebeo Infantil y Juvenil

La oferta del tebeo infantil y juvenil en nuestro país, es escasa si la comparamos a la de otros entretenimientos que ocupan las horas de ocio de los más pequeños.
La competencia que presentan otros medios es importante y por eso se ha de argumentar el esfuerzo para que los niños experimenten la satisfacción y el gusto que representa la lectura de un tebeo, la fantasía y la magia que pueden encontrar en sus historias, como en su día pudimos experimentar todos cuantos, hoy, peinamos canas, y para que cuando sean mayores, los tebeos continúen formando parte de sus lecturas.
El tebeo no es el único medio artístico que cuenta con una minoría de público, eso ya lo sé. Ni es el único que no tiene soporte institucional, pero eso no quita que sea lamentable que el tebeo viva tan aislado.
Tengo la sensación que editores, autores, tiendas y distribuidores no se comunican suficiente. En ocasiones estos últimos ni tan solo ponen la más mínima facilidad para que una obra determinada llegue al publico nada más por el hecho, por ejemplo, que sea una reedición de tebeos publicados en el franquismo, sin tener en cuenta la calidad de la obra. Supongo que sufrimos el síndrome de inferioridad respecto a esos tebeos.
Hace años que se escriben teorías sobre el tebeo clásico que no tienen nada que ver con la realidad, entendido que algunos aprovechan sus plataformas en los medios para denostar aquellos tebeos.
El cómic, la narrativa gráfica, la viñeta, la historieta o el noveno arte, todo sirve para definir el tebeo posbélico que levanta tanta polémica por la fuerte atracción que aún ejerce sobre partidarios y detractores. Un tebeo que contaba con grandes autores y lo más importante, que la aparición de nuevos autores que se fueron abriendo camino en el mercado, era una constante.
De esta ingente producción de tebeos aparecieron algunas series buenas, otras regulares y muchas malas, pero se diga lo que se diga, también existían los que optaban por escoger que, con y como leer, sin aceptar ningún tipo de alineamiento.
En el estado español siempre hemos contado con buenos autores, más dibujantes que guionistas, pero hubo que aceptar la realidad, es decir, el poder de la televisión y la nula visión
comercial de los editores de la Meca del tebeo, Cataluña y Valencia que acabaron con nuestro tebeo clásico. Con el derrumbe de la Editorial Valenciana, Maga y finalmente del Gigante Bruguera, una gran mayoría de dibujantes tuvo que trabajar exclusivamente para otros mercados donde el cómic se vendía y pagaba mejor: el ingles, el francés, el norteamericano e italiano, condenados a hacer de profetas externos.
Volviendo al tebeo infantil y juvenil, no cabe duda que las publicaciones infantiles ilustradas representaron el más considerable factor cultural y artístico en el estado español. Solo el concepto arcaico de la cultura hace posible que exista aún, de hecho, una indiferencia absoluta a la pérdida y destrucción de estas fuentes históricas.
Obviamente, la obra impresa de esos años, seguirá con nosotros porque siempre quedaran personas inteligentes que las conservaran para las nuevas generaciones de lectores. En este sentido hay que recordar la labor que vienen realizando algunas publicaciones, que en algunos casos equivale a 20 años de esfuerzo, para que los aficionados profundicen en el pasado de su historieta, trabajos que merecen calificarse de heroicos.
En las décadas que van de los 40 a los 60 se publicaban en este país una serie de tebeos infantiles y juveniles, que al releerlos pueden observarse varios aspectos:
-La cantidad de formas y asuntos que en aquel momento se usaban.
-Una voluntad narrativa decididamente popular
-La aparición de algunos de los dibujantes más interesantes de la de la historieta autóctona.
Son tantos y tantos los motivos para el estudio de esa historieta, que su enumeración

y explicación requerirían un espacio del que no disponemos, dado la malinterpretación de sus intenciones y que ha dado lugar a las más variopintas disquisiciones, llegándose, con algunas de ellas, a rayar la autentica insensatez.
Sea como fuere, el carácter popular de la historieta la ha condenado, en nuestro país, al más cruel y obtuso de los ostracismos. Tampoco se trata de ninguna novedad, ya que a pesar de que siempre existió una importante demanda de tebeo popular, debido a ciertas maniobras poco afortunadas de nuestras editoriales, se ha visto suplantado por producciones foráneas.
Casi de modo imperceptible en el tiempo, pero acompañados de una enorme avalancha de acontecimientos, han transcurrido ya más de 60 años desde la aparición en el mercado de aquellas publicaciones que con su desaparición, se llevaron, también, los años de nuestra infancia y adolescencia. Pero no todo va a ser hoy pesimismo, queremos ser positivos y mostrarnos esperanzados, aunque ligeramente, de la labor que vienen desarrollando ese pequeño grupo de aficionados, que mantendrán viva la llama de aquellos tebeos de antaño

MANUEL LÓPEZ

1 comentario:

  1. Aplaudo tus palabras Manuel.
    Desde luego al tebeo le hace falta un poco de empuje institucional, que alguien en el gobierno de turno comprenda aquellas palabras de Calos Gimenez que decían más o menos, “donde hoy hay un tebeo, mañana habrá un libro”

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