sábado, 18 de junio de 2011

Agamenón IV por MLP



NENÉ ESTIVILL Y AGAMENÓN

IV y último

Volver a acercarse a este clásico de Nené Estivill, sirve para reencontrarse con esa mítica frase de “Igualico, igualico que el difunto de su Agüelico”con la que se cierra cada una de sus historietas.
Vistas de nuevo y en el contexto actual, las historietas de Agamenón nos parecen tan divertidas como en el momento de su realización. Un clásico que, aun con sus defectos, resulta de obligada visión para todos los amantes de la historieta. Unas historietas gratas, que por su sencillez y su frescura cae en gracia, y esto no es únicamente producto de la historia misma, sino que el retrato de los personajes que populan por ella tienen mucho que ver, ya que lo dotan de naturalidad y calidez.
Con un indisoluble espíritu familiar de fondo, presenta a unos tipos humanos singulares pero entrañables que se ven envueltos en situaciones absurdas, lo cual da esa oportunidad para que surja el humor. Son gentes sencillas y buenas, sin muchas luces intelectuales ni horizontes vitales.
Esta caracterización de los personajes está muy bien conseguida por Nene Estivill, recreando adecuadamente los tópicos de la vida rural. Son unas historias contadas en un tono cordial, benevolente, y si no caen nunca en la amargura, si en la ironía y afecto a partes iguales.
Si puedo proponer una teoría, pienso que la extraordinaria popularidad de estas historietas se debe a la fuerte identificación que el lector siente con los personajes de Villamulas del Monte. Ciertamente, los eventos y caracteres que se retratan son clichés, pero indudablemente están inspirados en una cierta realidad del mundo rural, de forma que muchos lectores reconocerán a alguno de ellos.
Con la boina, el pañuelo, la barriga, el habla paleta como inconfundibles señas de identidad Agamenón, bruto y bonachón, es una recreación amable de esa España campesina ya desaparecida. Acaso Agamenón es el personaje que mejor personifico al paleto terco y entrañable que no entendía la forma de vivir en las grandes urbes. Un retrato de la honestidad e inocencia de la gente de pueblo cuya ignorancia provocaba burlas entre las figuras trajeadas y con “seiscientos” de la gente de la ciudad. La historieta ha sido sin duda una de los hechos más importantes que nos ha dejado el siglo XX. Hasta convertirse en uno de los principales forjadores de los imaginarios sociales en todas la partes del mundo. Y es que, en efecto, cada vez que leemos una historieta nos olvidamos de nosotros mismos, nos convertimos en un ojo que mira, y somos las imágenes que vemos como en un sueño. Cuando acabamos su lectura, ya forman parte para siempre de nosotros. Cada historieta es un sueño individual, y, al mismo tiempo, se posa para siempre en las memorias de las comunidades.
La historieta española es una historia larga, llena de luces y sombras, de excelentes


tebeos y de otros, buenos también a su manera, que han sido leídos por miles de lectores y que, de una manera u otra, para quererlos u odiarlos, forman parte de nuestra memoria sentimental.
Son muchos los que piensan que la historieta es tan sólo un medio de entretenimiento, una de las muchas fórmulas para pasar el rato. Pero eso no es cierto, la historieta es algo más. Vivíamos en un mundo en el que se necesitaba soñar. La historieta de humor no es una forma de evadirse del mundo real, sino que es una forma de representarlo. Al igual que escribir, en muchos casos, es dibujar el pensamiento; hacer historieta es ante todo crear sueños
¿Quiénes eran aquellos personajes que invadieron los quioscos y los hogares de los españoles? Eran principalmente símbolos de los hombres, las mujeres y los niños de aquella España que se veía retratada con un humor liberador. Siempre se ha dicho que el humor no se pierde ni en las peores circunstancias sociales, y por eso los españoles se reían de sí mismos, hacían chanza de sus vidas, pero a la vez criticaban de esa manera la sociedad en la que vivían, aunque tan sólo fuera para poder soportarla. Hubo también personajes especiales, superhombres, detectives y guerreros, que combatían contra todo tipo de malvados, pero yo creo que los que más gustaban eran los personajes en los que la gente se veía reflejada: oficinistas despistados, fontaneros chapuzas, jefes autoritarios, niños traviesos, criadas astutas, abuelos parlanchines, solteronas irascibles, detectives torpes, y otros personajes miopes, gafes, pelmazos o muertos de hambre; es decir, la gente de la calle. Y todo esto fue posible gracias a la increíble ironía, al humor a prueba de bombas, a la inaudita fuerza expresiva de un pueblo que quería restañar sus heridas y sobrevivir a las adversidades.
Aquellos personajes de tinta y de colores tuvieron nombres propios, igual que sus creadores. Agamenón fue uno de esos muchos personajes. Lo que diferencia a Agamenón de la pila de personajes, es que Nene Estivill permite a los personajes madurar frente a nuestros ojos, y no me refiero a envejecer, sino a mostrarnos poco a poco los detalles de su personalidad que las dibujan como auténticas personas.
Yo disfruté mucho “Agamenón" y me sucedió lo mismo con la terrible “Fifí,” tanto porque logra mantener la misma calidad de humor como por el respeto que tiene por sus personajes, que estando bien dibujados en la primera, logran expandirse y evolucionar. En todo caso, "Agamenón”pertenece a ese grupo de historietas que cabría calificar de inteligentes. Condimentada por situaciones que, más que una carcajada, se proponen arrancar la sonrisa cómplice del lector, Agamenón no quiere ser una obra maestra. Y ésa es su mayor virtud. Es una historia inteligente, cercana…
Pero los tiempos cambian, qué se le va a hacer. Los tiempos del entrañable Agamenón pasaron, pero como dice el refrán, las cosas quedan, las gentes se van. Agamenón es ya un enternecedor recuerdo.
Se trata, en definitiva, de un simple divertimento, de una obra de sencilla sinopsis pero de sofisticada narración visual. Poco importa la previsibilidad de su argumento o lo características que resultan las personalidades de sus protagonistas (cuya presentación, por cierto, deviene ágil y divertida), lo verdaderamente esperanzador para el lector que se va a encontrar ante una obra que posee una cadencia frenética. Una de las mejores historietas del tebeo español con un dominio narrativo poco habitual. Siendo su condición de clásico de la historieta y de obligada visión, en el que aún hoy uno puede dejarse transportar a los más puros y mágicos terrenos de la ficción.

¿Qué más se puede pedir?
Presentar unas historietas como las de Agamenón es más complejo de lo que puede parecer a simple vista por lo que voy a limitarme a enumerar algunas de las razones por las que la lectura del personaje creado por Nené Estivill me parece no sólo deleitable sino también de necesaria lectura para el aficionado a la historieta.
Las historietas de Agamenón son una autentica incitación a seguir leyendo, a que el relato prosiga y se prolongue unas páginas más.



Yo creo que son lo más importante de la historia. Unos personajes creíbles, humanos y atractivos. Y además conviene que sean perfectamente identificables. Una vez leí un tebeo muy famoso. Al principio era incapaz de distinguir quién era quién, y acabé dejando la lectura. ¿Por qué sucedió eso? Pues porque los personajes eran intercambiables, no tenían personalidad propia. Eso pasa mucho en los tebeos en los que prima más la acción o la aventura.
Si quieres que tu historieta no sea sólo una sucesión de hechos más o menos graciosos, es vital crear personajes atractivos. Cuando digo atractivos no quiero decir que sean superguapos sino que posean ciertas características que hagan que al lector le importe seguir sus aventuras... La gente real tiene sus tics peculiares, su manera de hablar, etc.
El lector de las historietas de Agamenón inmediatamente tienes claro quien es quien y es que hay una gran diferencia en las descripciones de los distintos personajes.
A través de las vivencias del protagonista, el lector va conociendo a su familia y a las gentes de Villamulas del Monte, con una mirada amable, comprensiva, nunca desgarrada ni melodramática. Nene Estivill es un creador de un universo y personajes con dimensiones lo suficientemente fértiles como para atrapar al lector. Es un excelente narrador; posee una personalidad dotada con la garra exacta para contarnos todos esas historias entretenidas, cuya pretensión no es otra que sencillamente divertir al lector con un guión efectivo y una historia que se deja llevar hasta un final esperado pero práctico en su objetivo único de divertir sin caer en el siempre fácil empacho, debido, entre otras muchas cosas, a la buena combinación que producen sus estudiadas dosis de humor y un punto de ternura.
Su trabajo en la serie debe ser considerado como un todo, quiero decir con esto que cada historieta puede se leída de manera individual pero que es dentro de la visión de conjunto de toda la obra donde cobra realmente sentido; así el mundo de Agamenón es totalmente coherente, cada historieta enriquece un poco más a los personajes, aporta nuevos datos, es así como nos va introduciéndonos en un universo vivo que te atrapa y no te deja escapar.
No quisiera terminar sin hacer mención a la evolución de la temática y los planteamientos de Nené Estivill en su obra. Ofrece al lector un amplísimo muestrario de personajes, todos ellos están tratados con su particular visión y un humor inteligente.
En Agamenón, dibujo y contenido, guarda una proporción y una armonía ejemplares, «en el excéntrico decorado de "Villamulas del Monte " no hay nada gratuito. La forma es el fondo. Nene Estivill continua un método de trabajo por desgracia demasiado olvidado por la mayoría de realizadores contemporáneos: el contenido de la historieta determina cada uno de sus elementos y, respondiendo a esta cabal exigencia, el decorado se convierte en una suerte de glosa plástica del relato»
Agamenón me parece la mas personal historieta de Nene Estivill, y posiblemente la última obra maestra del tebeo en el franquismo. Todo en ella aglutina los mejores logros de su autor, aquí en su forma definitiva: desde la atmósfera hasta el brillante tratamiento visual . Como se puede comprobar la calidad de los dibujos es espléndida, y a cada historieta que pasa el listón se pone más y más alto.
En resumen, unas historietas enormemente divertidas y entretenidas. ¿Qué más se puede pedir?

M. López



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