domingo, 26 de octubre de 2014

La noche penetra . . .



La  noche  penetra . . . penetra . . .
Dama que se inclina ante el esposo,
 más temido que amado.
Evocación de un tapiz antiguo.
 Trece navíos aparejados en el golfo azul,
bajo la luna de plata.
ciudades construidas
en las nubes de un país de oro.
Dos caciques indios dormidos en el viaje.

La noble dama ve o sueña,
presa de aturdimientos,
que un dragón hace rodar
 a su esposo al silo de la muerte,
ahogándola a ella
en las aguas oscuras de un río sin fondo.
Pasos de ciudad colonial.
 calles arenosas,
voces de clérigos que mascullan
 a Dios por testigo.
Duerme un sereno arrebozado en la capa.
Sombras de purgatorio.
 Pestañeo de lámparas que arden en las hornacinas.
 Ruido de alguna espuela castellana,
de algún pájaro agorero, de algún reloj despierto.
 
Horizonte limpio y viejo vestido colonial,
el espíritu religioso entristece el paisaje.
Se ve con los párpados caídos.
La visión de la vida a través de los ojos entreabiertos
.
. Grave metal de las campanas.
¡. Ésta une al pie breve la mirada lánguida.
Aquélla tiene los cabellos de seda.
Un perfume desmaya el aliento
. La noche penetra... penetra...
. De los veladores de vidrio cae
 la luz de las candelas entumecida .
La música es suave, bullente,
y la danza triste a compás de tres por cuatro.
. La noche penetra... penetra...

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