martes, 3 de noviembre de 2015

013CSM




Así como Jesucristo, estando en la cruz, salvó a un ladrón, así su Madre libró a otro de la muerte."
Y, por ello, un gran milagro os diré de este aserto, que hizo Santa María; de un malhechor ladrón, llamado Elbo, que siempre en su oración se encomendaba a ella, y eso le salvó.
Porque le sucedió un día que fue a hacer un hurto, y el merino de la tierra hubo de prenderlo en seguida, y, tan pronto, sin tardanza, hizo que lo llevaran a la horca; pero la Virgen, Madre de Dios, se acordó enseguida de él.
Y cuando estaba ya colgado en la horca, a punto de ahogarse, la Virgen María no quiso retrasarse, antes llegó muy presto y fue a poner las manos bajo sus pies y lo alzó, de modo que no se ahogase.
Así estuvo tres días el ladrón, que no murió; mas el merino, que pasaba por allí, cayó en la cuenta de que estaba vivo, y un hombre suyo luego le arregló el lazo para que muriese, pero la Virgen lo guardó; y cuando creían que estaba muerto, el ladrón les habló así:
"Quiero ahora deciros, amigos, por qué no he muerto; me guardó Santa María, y he aquí que me sostuvo con sus manos, de manera que el lazo no me mató."
Cuando esto oyó el merino, dio loor a la Virgen Santa María, y luego fue a bajar de la horca, por amor de Ella, a Elbo el ladrón, que, después, servidor suyo fue toda la vida, porque muy luego entró en una orden religiosa.


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