viernes, 15 de enero de 2016

017CSM





Sempre seja beita e loada 

Esta es de cómo Santa María guardó de muerte la honrada dama de Roma a la que acusó el diablo para hacerla quemar."Siempre sea bendita y alabada Santa María, nuestra abogada."

Un milagro maravilloso de oír quiero contaros ahora, sin mentiros, de cómo hizo huir de Roma al diablo, la Virgen, amada por Dios.
En Roma sucedió, ya hace cierto tiempo, que una dama amó, de corazón, a la Madre de Dios, pero entonces sufrió el ser tentada por el demonio.
La dama perdió a su buen marido, que murió en poco tiempo y con pesar de ella; pero halló mal consuelo con un hijo que de él tenía, que la dejó preñada.
La dama cuando se sintió encinta, tuvo gran pesadumbre, pero cuando parió un hijo, que nadie vio, lo mató, encerrada dentro de su casa.
En aquel tiempo, el demonio mayor tomó forma de hombre sabio y mostrándose como adivino al emperador, éste lo tomó a sueldo.
Y entre lo que supo adivinar acusó el hecho de la dama, y dijo que lo quería probar, en siendo ella quemada.
Cuando el emperador lo oyó no se lo quisiera creer; sin embargo hizo venir ante sí a la dama, y ella fue en buena compañía.
Después que el emperador la mandó llamar, llamó también al demonio, que le dijo cuanto pasó, de lo que ella quedó muy asombrada.
El emperador le dijo:
-"Buena mujer, es necesario que respondas."
"Conforme -dijo ella- si tuviera un plazo para tomar consejo."
El emperador les puso este plazo: 
-"De hoy en tres días, y no haya más, venga a probar el maestro este mal; si no, le será cortada la cabeza."
La buena mujer se fue desde allí a una iglesia de Santa María, a lo que sé, y dijo así:
-"Señora, acude a tu cuitada."
Santa María le respondió:
-"Esta angustia y esta cuita que tú tienes, de cierto, que la mueve el maestro; tenlo por más vil que meos de can, y sé bien valerosa."
La buena dueña, sin ningún desdén, viene ante el emperador, pero el demonio entonces, no la conoció por nada, ni nada le dijo.
Dijo el emperador:
-"Por San Martín, maestre, cerca está vuestro fin."
Pero huyó el diablo, y le hizo la chacota y derribó una brazada del techo.







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