miércoles, 25 de enero de 2017

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Esta es cómo Santa María hizo que sanasen los ladrones que habían quedado tullidos porque robaron a una dama y sus acompañantes que iban de romería a Montserrat.
"Muchas gracias debemos dar, noche y día, a Santa María, porque defiende a los suyos de daños y, sin embargo, los guía a salvo."Y de esto queremos decir un milagro preciado, porque sabemos que habrán de escucharlo los que aman a la Virgen Santa, porque quebranta siempre a los soberbios y a los buenos levanta y les da entendimiento y el Paraíso con toda alegría.
En Montserrat la Virgen hizo un prodigio que muy lejos resuena, así Ella me ayude, por una buena señora que, en aquella montaña, muy grande y extraña, bajó a una fuente, con toda su compañía, para comer y, desués de descansar, seguir su camino.

Cuando estaban comiendo al lado de aquel monte, corriendo hacia ellos, Raimundo, un caballero ladrón y guerrero que, de cuanto traían, no dejó dinero que no les robase y cogiese, con su cuadrilla.
La dueña, en cuanto fue robada, marchó con su gente, muy triste y angustiada, y a Montserrat llegó en seguida la desgraciada, dando grandes gritos: "Virgen Santa, Reina, véngame, porque fui afrentada en tu romería."
Los frailes salieron, a las voces que daba y, cuando esto oyeron, el prior cabalgaba corriendo, con premura; pasó un repecho y vio, al lado de la fuente, una gran turba de ladrones que yacían maltrechos, ciegos y contrahechos, que ninguno se ponía en pie.
Entre esos ladrones vio yacer a un villano, de aquellos malhechores, con una pierna de gallina, fiambre que había sacado, con hambre, de una empanada y que, bajo su capa, quisiera haber comido, pero que no pudiera, porque Dios no quería.
Ya que se la atravesó desde el momento en que trató de comerla, que no podía echarla para dentro ni para fuera, ni comerla ni pasarla; además yacía ciego y mudo, sin habla y muy maltrecho por lo hecho, que bien lo merecía.
El prior y los frailes luego que así hallaron a los ladrones maltrechos por sus maldades, mandaron que fuesen llevados, atravesados en las bestias que trajeron, y puestos ante el altar, para que allí muriesen o sanasen, si a Dios placía.
Y después que trajeron a los ladrones ante el altar, hicieron por ellos oraciones y plegarias. Y pronto tuvieron sanos ojos, pies y manos, y, por ello, juraron que nunca más robarían a cristianos y se apartarían de aquella locura.




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